La historia de la condecoración

Vocaciones “ven y sígueme”

La condecoración creada por León XIII para los peregrinos de Tierra Santa

Cruz conmemorativa creada por León XIII

Cruz conmemorativa



Indicaciones

La peregrinación a los Santos Lugares comenzó, según palabras de san Jerónimo, inmediatamente después de la Ascensión de Nuestro Señor.

El movimiento de las peregrinaciones se acentúa especialmente hacia la mitad del siglo XIX. Más tarde, a pesar de las constantes desavenencias entre las naciones, los fieles han seguido viniendo a Tierra Santa a pie, en bicicleta, barco, avión…

A comienzos del siglo XX, el papa León XIII, que bendecía y animaba a los peregrinos en su caminar, quiso conceder un signo de su aprobación que fuese al mismo tiempo un recuerdo personal y especial de su santo viaje. A tal fin instituyó, con decreto del 2 de mayo de 1901, una condecoración religiosa.

Documentos


Decreto de la Congregación de Propaganda Fe

En medio de las crueles vicisitudes en las que está inmersa la Iglesia de nuestros días, la Divina Providencia en sus orientaciones llenas de bondad, quiere adelantar el remedio oportuno y fortalecer con empeño renovado y un vigor imperecedero la fe. No es sin motivo que a los numerosos indicios del desarrollo de la piedad cristiana se ha añadido en estos tiempos un celo creciente y continuado por parte de los peregrinos por la veneración de los Santos Lugares de la cristiandad. Tales manifestaciones religiosas presentan unas características que no se deben minusvalorar: atañen a grupos numerosos y están reguladas por una cierta disciplina que dirige la piedad sabiamente.

En primer lugar entre estos santuarios destacan con una fuerza especial y particular los Santos Lugares de Palestina, santificados por el Hijo de Dios con su Encarnación, con los misterios de su vida mortal, con el cruento sacrificio de su muerte y con su gloriosa Resurrección. De hecho, no es posible visitar plenamente estos Santos Lugares sin recibir abundantemente frutos de salvación. Y así, viéndolos con los propios ojos, estos lugares santificados por Jesucristo, tienen una fuerza especial para conmover los corazones de los fieles, y evocando más vívidamente los suaves recuerdos de la Redención humana, hacen concebir deseos eficaces y propósitos de adoptar, de una vez para siempre, una estilo de vida que responda a los santísimos ejemplos y a las sanas doctrinas de Cristo redentor.
Motivado por tales razones, el sumo Pontífice León XIII gloriosamente reinante, que en virtud de su poder apostólico abraza con atenta solicitud a todos aquellos que trabajan por el despertar de la religión, ha decidido premiar el celo de aquéllos que se empeñan en realizar la peregrinación a Palestina. Por estos motivos, ha decidido instituir la Insignia –cuya ejecución se encomienda a la Congregación de Propaganda Fide- destinada a perpetuar en los devotos visitantes de Tierra Santa los frutos y recuerdos de su peregrinación.

Esta insignia tiene la forma de la Cruz llamada Cruz de Jerusalén.

Estos son los criterios con los que debe ser acuñada:



Por un lado, en el medio donde las astas se cruzan, está esculpida la efigie de León XIII, con la inscripción “Leo XIII P.M. creavit, Anno MCM” (Instituida por el Papa León XIII, año 1900). Alrededor de cada una de las astas de la cruz más grande están representados los misterios de la Anunciación de María Santísima, la Natividad del Señor, su Bautismo y la institución de la Eucaristía. Aquí se lee esta expresión: “Christi Amor Crucifixi traxit nos” (El amor de Jesucristo crucificado nos ha traído).

Por el otro lado, en el centro de la cruz, está la imagen de Jesucristo resucitado. Alrededor, Jesús rezando en Getsemaní, Jesús flagelado, coronado de espinas, crucificado. En el extremo se lee: “Signum Sacri Itineris Hierosolymitani” (Recuerdo de la peregrinación a Tierra Santa).

Esta insignia sagrada se deberá portar sobre la parte izquierda del pecho, colgando de una banda de seda roja, listada hasta el centro por cuatro franjas cerúleas. Los bordes estarán marcados por una franja blanca, atravesada en su mitad por otra de color amarillo oscuro.

Estas cruces se acuñarán en bronce, plata y oro, y serán concedidas a cada uno según el grado y título propio, según el puesto desempeñado en la dirección de la peregrinación, y el mérito de los beneficios aportados en favor de los Santos Lugares. Quien haya realizado su peregrinación por dos veces, tendrá derecho a ser condecorado con la cruz de plata.

El derecho de conferir esta insignia sagrada corresponde al Reverendísimo Padre Custodio de Tierra Santa quien, en nombre del Sumo Pontífice, condecorará, con sus respectivos diplomas, a los peregrinos de forma privada, si se trata de peregrinos aislados, o en público y solemnemente cuando se trate de grupos numerosos.

Para ser condecorado con esta sagrada insignia se deben cumplir algunas condiciones: el peregrino deberá venir provisto de carta de referencia del propio párroco, firmada por su Ordinario, donde haga constar la honradez de costumbres así como que ha decidido llevar a cabo la peregrinación con un objetivo devocional. Además, deberá dejar, para la conservación de los Santos Lugares, una ofrenda de diez francos, además del precio de la cruz.
Esta sagrada insignia se puede portar públicamente sólo en el culto de las solemnidades, en las procesiones o peregrinaciones y en presencia del Sumo Pontífice.

Firmado por mandato de su Santidad. Nada obsta a todas las disposiciones contrarias.
  • Dado en Roma, el 2 de mayo de 1901, en el Palacio de la Sagrada Congregación de Propaganda Fe.
  • M. Card. Lecochowsky- Louis Veccia Sec.



El Decreto fue enviado al Padre Custodio de Tierra Santa con la siguiente carta del Cardenal de Propaganda Fe. (S. Cong. de Propaganda. Protocolo n. 44275- Roma, 10 de junio de 1901).

Reverendísimo Padre:

Respondiendo al deseo de aumentar siempre más el número de peregrinaciones devocionales que realizan los fieles –con gran provecho para las almas- a los santuarios de Tierra Santa, el Sumo Pontífice se ha dignado instituir una medalla especial, o cruz conmemorativa, que se ofrecerá exclusivamente a los peregrinos de Palestina, bien sea hombres que mujeres.

La concesión de la insignia se confía a su Reverencia.

Le transmito aquí también el Decreto de institución de esta pía insignia, junto con la regulación relativa a su concesión, además del Diploma. Además, adjunto una medalla conforme al modelo aprobado por Su Santidad con una copia de la lista de los precios en que vienen estipuladas según el orfebre que las ha realizado y que conserva la matriz.

Al final de cada año, le rogamos que envíe a la Congregación el balance económico de los donativos recibidos por la concesión de la medalla, y la indicación del número de peregrinos que han sido condecorados.

Asegurándole nuestras oraciones al Señor, que le conserve y le otorgue todo bien.

Su devotísimo servidor,
M. Card. Ledochowsky
Louis Veccia, Sec.

El presidente Chileno recibe la Medalla

Una medalla siempre actual


La idea asociada a las condecoraciones parece, en el siglo XXI, reservada sólo a los militares y a las personas de alta alcurnia, o concedidas por los servicios realizados en favor de las naciones, o investigaciones en el campo de las ciencias, artes, espectáculos… y nos preguntamos: ¿Qué puede significar hoy una medalla para quien realiza una peregrinación?

Un signo
“Harás, además, una lámina de oro puro y en ella grabarás como se graban los sellos: Consagrado a Yahvé.”(Ex 28, 36). Solamente en este capítulo aparece cinco veces el verbo grabar. Además, en las Escrituras encontramos la invitación que el Señor hace a todos los hombres de recordar todas sus intervenciones esculpiéndolas. Es por lo tanto un gesto ancestral esculpir en un objeto para que sirva de recuerdo, para tener a la vista un signo de lo que se ha realizado.

Peregrinos de Tierra Santa, ¿para recordar el qué?
Christi amor crucifixi traxi nos: Nos ha traído el amor de Cristo crucificado. Estas palabras, esculpidas en la medalla, comparten el espíritu de san Pablo que dice a los corintios: “Y no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado” (1 Cor 2,2).

Una peregrinación a Tierra Santa no es otra cosa que eso: la confesión de fe en Cristo muerto y resucitado, en una Tierra que Él recorrió a pie.

Signum sacri itineris hyerosolymitani: Signo del santo viaje a Jerusalén.
Así, la medalla es por tanto el signo visible de una realidad vivida y que permanece grabada en el corazón del peregrino. Cada una de las escenas representadas en la medalla evoca por sí misma un lugar, una oración particular, las personas encontradas… En la medida en que caminamos por los caminos de Tierra Santa, nos dejamos penetrar por la Palabra de Dios.

Como el profeta Isaías, el peregrino recuerda: “Pero dice Sión: "Yahvé me ha abandonado, el Señor me ha olvidado." ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente.” (Is 49,14-16).

La Tierra Santa, grabada en el corazón, esculpida en las manos, grabada en una medalla signo para el peregrino y también para aquellos que encontrará al final de una peregrinación que no termina realmente nunca. “Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje”. (Dt 6,6-7).

Hoy más que en el pasado, los cristianos de Tierra Santa esperan de los peregrinos un apoyo que es sobre todo espiritual: su oración y el reconocimiento de que ellos son los que perpetúan la Tradición de una Iglesia viva. Además esperan que se dé a conocer su situación. Venir es también ayudarles favoreciendo la economía y el trabajo en el país.

Obtener la condecoración de los peregrinos de Tierra Santa atestigua también el vínculo que se crea entre los peregrinos y los habitantes del país que se ha visitado. “Estos hermanos, que viven allí donde vivió Jesús y que, en torno a los Santos Lugares, son los sucesores de la antigua y siempre primera Iglesia, madre de todas las Iglesias, gozan de grandes méritos delante de Dios y nosotros tenemos con ellos una gran deuda espiritual: ellos participan cotidianamente de modo totalmente especial en los sufrimientos de Cristo […]. Si su presencia desapareciese, el calor de su testimonio faltaría alrededor de los santuarios, y los Santos Lugares cristianos de Jerusalén y de Palestina vendrían a ser como museos”. Estas palabras de Pablo VI siguen siendo sorprendentemente vigentes.

Un gesto
Además de ser un signo, la condecoración es un gesto: Además de los peregrinos venidos a pie, o de aquellas personas a las que el Custodio quiere recompensar por sus esfuerzos al servicio de la Tierra Santa, en realidad son los mismos peregrinos los que se ganan esta condecoración.

Los donativos monetarios recogidos son otra prueba del interés que el peregrino tiene por la Tierra Santa y las piedras vivas que en ella habitan. Este dinero, en efecto, es sostén y ayuda para las personas pobres y enfermas, según la discreción del Padre Custodio y siempre, cada año, el total de estos donativos se distribuye a los más necesitados.

Condiciones para la concesión
Hoy, las condiciones exigidas por el Decreto (la certificación del párroco) no son necesarias. Sin embargo, las condecoraciones no se suelen expedir. Es necesario acercarse para retirarlas hasta la Secretaría Custodial, donde están los registros actualizados de todos sus beneficiarios.

Como un sello en tu corazón
La intención es que esta condecoración pueda evocar en el peregrino todo lo que la Tierra Santa enseña, las gracias recibidas, los encuentros acaecidos y recordarle aquello que el mismo Señor le pide: “Ponme como un sello en tu corazón, como un sello en tu brazo” (Cant 8,6).

Meditación sobre los Santos Lugares



“Llego a estos lugares que Tú has llenado de ti de una vez para siempre… ¡Oh, lugar! ¡Cuántas veces, cuántas veces te has trasformado antes de que de suyo, se hiciera también mío! Cuando Él te llenó la primera vez, no eras aún ningún lugar exterior; eras sólo el seno de su Madre. ¡Oh! saber que las piedras sobre las que caminó en Nazaret son las mismas que su pie tocaba cuando Ella era aún tu lugar, el único en el mundo. ¡Encontrarte a través de una piedra que fue tocada por el pie de tu Madre!
¡Oh lugar, lugar de Tierra Santa, qué espacio ocupas en mi! Por eso no puedo pisarte con mis pasos; debo arrodillarme. Y así dejar constancia de que has sido para mí un lugar de encuentro. Yo me arrodillo y pongo así mi huella.
Quedarás aquí con mi huella —quedarás, quedarás— y yo te llevaré conmigo, te transformaré dentro de mí en un lugar de nuevo testimonio. Yo me voy como un testigo que dará testimonio de ti a través de los milenios”.

Carta sobre la peregrinación a los lugares vinculados con la Historia de la Salvación
Juan Pablo II
Junio 1999

Historia de la medalla

Calendario

25/11/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

Sta. Catalina. Belén: 11.30 Ingreso (Custodio) - 13.45 Vísperas - 14.15 Procesión - 15.30 Oficio y Procesión

26/11/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

Jesucristo Rey del Universo. Belén: 10.00 Misa solemne

24/12/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

IVº Adviento.Vigilia de Navidad. Belén: 13.30 Ingreso del Patriarca y I Vísperas – 16.00 Procesión – 23.30 Oficio y 00.00 Misa – 1.45 Procesión a la Gruta

25/12/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

Natividad del Señor. Belén (S. Catalina): 10.00 Misa Campo de los Pastores Griego y Católico: 14.00 Peregrinación

26/12/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

S. Esteban. S. Esteban: 16.00 Peregrinación

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