El camino hacia Jerusalén

Vocaciones “ven y sígueme”

El camino hacia Jerusalén en busca de las raíces cristianas

Jerusalén - Panorama de la ciudad

Después de su ministerio itinerante por Galilea, Jesús, “estando para cumplirse los días de su elevación, tomó la decisión irrevocable de subir a Jerusalén” (Lc 9,51).

Al describir su “subida” a la Ciudad Santa, Lucas presenta a Jesús decidido, con prisa: “marchaba por delante subiendo a Jerusalén” (Lc 19,28); en tensión y angustiado: “con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!” (Lc 12,50).

El camino de Jesús tiene su meta en Jerusalén, la ciudad “que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados” (Lc 13,34), porque “no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lc 13,33).

Es el viaje mesiánico por excelencia, la “marcha” del Rey Mesías hacia la capital de su reino para la toma de posesión de su trono, un trono de ignominia que se transformará en trono de gloria con la resurrección.

En el camino con Jesús hacia Jerusalén sus discípulos estaban dominados por el espanto: “Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús caminaba delante de ellos; ellos estaban asombrados, y los que les seguían, llenos de miedo” (Mc 10,32).

La misma tensión manifiesta Pablo en su último viaje a Jerusalén. Dice a los ancianos de Éfeso: “Mirad que ahora yo, encadenado por el Espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá; solamente se que en cada ciudad el Espíritu Santa me testifica que me aguardan prisiones y tribulaciones” (Hech 20,22).

Es la última peregrinación de Pablo a la Ciudad Santa. Ante quienes querían persuadirle, con ruegos y lágrimas, que no subiera a Jerusalén pues sería arrestado, el Apóstol responde: “¿Por qué habéis de llorar y destrozarme el corazón? Pues yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, sino a morir también en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús” (Hech 21,13).

Caminando sobre la Tierra Santa

Esta actitud ha sido constante entre los peregrinos a Tierra Santa.

Para los judeocristianos Jerusalén era el punto de atracción fundamental; una vez concedida la libertad al cristianismo, a partir del siglo IV, los cristianos vuelven en masa a Jerusalén, transformada ya en ciudad cristiana; San Jerónimo se queda a vivir en Jerusalén, como lo había hecho antes Orígenes; la misma cruzada fue ante todo una peregrinación a Jerusalén y, una vez conquistada, los peregrinos-cruzados entran, llorando, en el Santo Sepulcro cantando el Te Deum.

La finalidad del viaje a Oriente de San Francisco, según algunas fuentes era “visitar los Santos Lugares, predicar la fe de Cristo a los infieles y ganarse la corona del martirio”.

Siguiendo el ejemplo de su Padre, los franciscanos, durante casi ocho siglos, han muerto y han sufrido lo indecible para recuperar los Santos Lugares y hacerlos accesibles a los peregrinos de todo el mundo. San Ignacio de Loyola, apenas se sintió atraído por Jesús, vino a Jerusalén en 1523 y hubiera “querido permanecer allí su entera vida” tan fuerte era su amor a Cristo. Como ellos, tantos hombres y mujeres han decidido vivir y morir en Jerusalén para continuar saciando su sed de Dios.

Juan Pablo II, en su peregrinación a Tierra Santa en el año 2000, se sentía lleno de alegría por haber cumplido el gran deseo de llevar a cabo su viaje a los lugares de la salvación, siguiendo las huellas de los innumerables peregrinos que le han precedido. “Ha sido – decía el Papa - como un retornar a los orígenes, a las raíces de la fe y de la iglesia”.

¿Qué tiene Jerusalén que atrae a todos tan profundamente? ¿Qué empuja al peregrino cristiano a venir a Jerusalén?
Desde el inicio de la era cristiana, los creyentes han “vuelto” a la Jerusalén “terrestre” para “ver” con sus propios ojos y “tocar” con sus propias manos al Verbo de la Vida que allí se ha manifestado.

La Ciudad Santa es el lugar del encuentro con Cristo. Jerusalén es, además, el lugar del nacimiento de la Iglesia, nuestra Madre, y donde se comprende mejor la figura de María; en Jerusalén se encuentran los otros hermanos en Cristo, que se han separado de nosotros, y que sólo en la Ciudad Santa se sienten “ciudadanos”, porque ella es la patria del Redentor común; Jerusalén es el lugar de encuentro de los creyentes en el único Dios y patrimonio de la humanidad, porque Dios es el Padre de todos; Jerusalén es símbolo y signo de paz y de concordia, signo vivo del gran ideal de unidad, de fraternidad y de convergencia entre los pueblos, porque todos en Cristo formamos una sola familia.

Es por estas razones que Jerusalén debe ser una ciudad “abierta a todos”.

Fr. Artemio Vítores, ofm
Vicario de la Custodia de Tierra Santa

Calendario

25/11/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

Sta. Catalina. Belén: 11.30 Ingreso (Custodio) - 13.45 Vísperas - 14.15 Procesión - 15.30 Oficio y Procesión

26/11/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

Jesucristo Rey del Universo. Belén: 10.00 Misa solemne

24/12/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

IVº Adviento.Vigilia de Navidad. Belén: 13.30 Ingreso del Patriarca y I Vísperas – 16.00 Procesión – 23.30 Oficio y 00.00 Misa – 1.45 Procesión a la Gruta

25/12/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

Natividad del Señor. Belén (S. Catalina): 10.00 Misa Campo de los Pastores Griego y Católico: 14.00 Peregrinación

26/12/2017 CELEBRACIONES DEL DÍA

S. Esteban. S. Esteban: 16.00 Peregrinación

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