Los cantares de mi peregrinación

Vocaciones “ven y sígueme”

Los cantares de mi peregrinación

"Tus preceptos son cantares para mí
en mi mansión de forastero.
" Sal 119,54


Duración ideal: 10 días/9 noches

1.er día: Be’er Sheva o Bersabea (pozo del juramento o de las siete corderas)

Actualmente, Be’er Sheva se alza sobre una amplia llanura en el desierto del Néguev. Es el centro industrial y comercial más importante de la zona y posee una universidad (Universidad Ben Gurión), que destaca por su Facultad de Agricultura.
El lugar recuerda la alianza de Abrahám con Abimélec, rey de Gerar, con la que el patriarca ofreció al rey siete corderas para obtener el derecho de propiedad sobre el pozo que había excavado en la zona (Gen 21,15-34).
En los alrededores de Be’er Sheva ocurrieron otros episodios bíblicos de fundamental importancia; entre ellos, la expulsión de la esclava Agar y de su hijo, Ismael, por parte de Abrahám y su desaparición en el desierto de Be’er Sheva (Gen 21,14-21), el encuentro y matrimonio entre Isaac y Rebeca y el nacimiento de sus hijos, Esaú y Jacob (Gen 24,61ss).

Cabra montés

2° día: Desierto del Néguev (Mamshit, Avedat, Mizpe Ramon)

La visita al desierto del Néguev se centra, sobre todo, en torno a tres lugares: Mamshit, Avedat y Mizpe Ramon.
Mamshit, en árabe {Kurnub}, es actualmente una vasta área de ruinas romano-bizantinas sobre vestigios nabateos, o incluso más antiguos. De época nabatea son una construcción utilizada como vivienda y algunas tumbas características localizadas bajo pequeñas pirámides; de época romana, una construcción que se remonta, probablemente, al tiempo de Adriano. La época más floreciente para la ciudad fue la bizantina, cuando el centro fortificado de Mamshit servía como lugar de protección y descanso para las caravanas que se dirigían hacia la Aravá (un valle al sur del Mar Muerto), Eilat y el Mar Rojo. De este período se pueden admirar, entre otros, los restos de dos iglesias: una, construida por monjes y de la que se conservan las tres entradas, el ábside, un pavimento de mosaico con motivos florales y el baptisterio; la otra se conserva casi intacta y en su interior alberga un gran mosaico que recubre todo el pavimento, el mosaico más bonito de todo el Néguev por su riqueza ornamental y la finura de su elaboración.
Avedat está situada en el centro del Néguev y contiene restos de tres períodos históricos distintos: nabateo, romano y bizantino. Del período nabateo, hacia el siglo II a.C., se han encontrado objetos en cerámica, restos de la ciudad y la acrópolis. Tras la destrucción en el período romano y la edificación de templos paganos, la acrópolis sufrió grandes modificaciones en la época bizantina, en que los edificios paganos fueron transformados en iglesias, de las que actualmente se pueden ver algunos restos.
En el camino que atraviesa el desierto bíblico de Zin es posible hacer un alto en Mizpe Ramon, subiendo al Monte Ramon, desde donde se puede disfrutar de un maravilloso panorama sobre el desierto y es posible admirar las espléndidas formaciones geológicas en las que se han encontrado restos fósiles de animales y reptiles marinos prehistóricos. En medio de este paisaje se ha construido también un museo, al aire libre, de esculturas abstractas.

3.er día: Masada, Ain Gedi, Mar Muerto

La fortaleza de Masada está situada sobre el margen occidental del Mar Muerto, en una zona desértica, y se yergue aislada sobre una roca que destaca visiblemente sobre las que le rodean. Dos senderos, uno al este y otro al oeste, conducen a la fortaleza. Si se inicia la subida una hora antes del alba, es posible disfrutar, desde lo alto de las ruinas, del espectáculo de la salida del sol. Actualmente se puede subir a la fortaleza cómodamente mediante un moderno teleférico.
Masada es conocida por el asedio por parte de los romanos a los últimos zelotes, que se refugiaron en la fortaleza tras la caída de Jerusalén, en el 70 d.C., organizando en ella su vida cotidiana. En el punto más septentrional se pueden admirar también los sugerentes restos de la residencia privada de Herodes. La historia de la fortaleza, de sus edificios y de los sucesos en ella acaecidos son conocidos gracias a las descripciones realizadas por Flavio Josefo y las excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar.
Al finalizar la visita, que ocupará la primera parte de la jornada, se puede seguir, a través del camino que bordea el Mar Muerto, y parar para realizar una breve visita al oasis de Ain Gedi antes de alcanzar la orilla del gran lago salado. La fuente de David es la fuente más importante del oasis. El agua cae por las rocas en una bella cascada formando un pequeño lago rodeado por un fino cinturón verde. Se pueden visitar las grutas y el museo, situado cerca del kibbutz, donde se custodian los más importantes objetos encontrados en la zona y que se está convirtiendo en el principal centro de investigaciones arqueológicas de la región del Mar Muerto.
Al final de la jornada quedará tiempo suficiente como para darse un baño en las particulares aguas del Mar Muerto. Este se encuentra a unos 400 m bajo el nivel del mar y la fuerte salinidad de sus aguas (hasta el 25%) impide cualquier forma de vida. Al este se encuentra el altiplano de Moab con, al norte, el bíblico Monte Nebo y, en el centro, la profunda depresión del río Arnón que, con el Jordán, es uno de los mayores afluentes del Mar Muerto. En estos lugares, los perfiles de las rocas sobre el agua, especialmente por la tarde, crean fantásticos efectos de luz.

4° día: Qumrán, Jericó, Jerusalén

Aunque no llega a nombrarse directamente en la Biblia, Qumrán es de gran interés bíblico por los importantes descubrimientos que allí se realizaron entre los años 1947-58. Efectivamente, allí, en el interior de las grutas que se encuentran en las paredes rocosas, se encontraron, entre otros distintos objetos, importantes documentos escritos sobre hojas de pergamino o de papiro, los conocidos como rollos de Qumrán o rollos del Mar Muerto. Estos rollos nos han permitido conocer la historia y costumbres de la vida de la comunidad establecida en Qumrán entre el siglo II a.C. y el siglo I d.C. Por el lugar y por el sistema de vida reflejado en la «Regla de la comunidad», uno de los rollos encontrados, se cree que se trata de la secta de los esenios, un grupo alejado del judaísmo oficial que vivía en un régimen comunitario bajo una severa disciplina y que se dedicaba a una escrupulosa y literal observancia de la Ley.
Siguiendo más allá del Mar Muerto se llega a Jericó, una de las ciudades más antiguas del mundo y que la Biblia toma como ejemplo de todos los pueblos cananeos enemigos de Israel (Jos 24,11). Tras un breve descanso bajo el grueso sicómoro que nos recuerda el encuentro de Jesús con Zaqueo (Lc 19,1-10), es posible visitar las ruinas de la antigua Jericó, excavadas en el {Tell as-Sultán}, a poca distancia de la ciudad moderna y en dirección a la montaña, y las de la Jericó evangélica o romana, hacia el acueducto de Wadi al-Qelt, todavía no del todo recuperadas en las excavaciones arqueológicas.
Es particularmente aconsejable, después, la visita al monasterio greco-ortodoxo de la Cuarentena -encajado en la roca, a media distancia, al que se puede acceder siguiendo el camino desde el Tell as-Sultán o bien con un cómodo teleférico- desde donde se goza de una vista inolvidable, desde el valle del Jordán a los montes de Moab. Este monasterio, construido hacia finales del siglo XIX para alojar a los anacoretas del desierto, hace memoria de las Tentaciones mesiánicas narradas en los evangelios (Mt 4,1-11). A poca distancia de aquí, finalmente, se puede visitar el lugar del Bautismo de Jesús (Mc 1,9-11). En el mismo lugar se recuerda también a los profetas Elías y Eliseo, que pasaron milagrosamente el Jordán, y, más allá del río, Elías fue asunto al cielo en un carro de fuego (2Re 2,11ss). Si es posible, es aconsejable hacer una breve parada para comprar la riquísima fruta de Jericó: pomelos, dátiles, bananas y otros muchos frutos.
A lo largo del camino que conduce desde Jericó a Jerusalén se pueden admirar los lugares en los que se ambienta la parábola del Buen Samaritano narrada por Jesús (Lc 10,25-37).

En Jerusalén se encuentra la casa para peregrinos “Casa Nova”, donde podrás disfrutar de la hospitalidad franciscana.

5° día: Jerusalén (Ofel, Ciudad de David, Museo de Israel)

El Ofel es la colina que se encuentra al sur del Templo, sobre la que se encontraba la antigua ciudad gebusea, llamada «Fortaleza de Sión» y, más tarde, «Ciudad de David». David conquistó este lugar para fundar en él la ciudad de Jerusalén. Desde finales del siglo XIX, los arqueólogos están excavando para sacar a la luz la Jerusalén de la Biblia. Hoy, en este lugar, se ha construido el Jardín arqueológico de la Ciudad de David (The City of David Archeological Garden), que llega hasta el Valle del Cedrón y que conserva importantes hallazgos gebuseos, del tiempo de David y de los asmoneos. De particular interés es el sistema de aprovisionamiento de agua de la ciudad, que recogía el agua de las fuentes vecinas de Ghihon en un gran pozo (conocido como el Warren’s Shaft) o en el túnel de Ezequías (Ezekiah’s Tunnel). En tiempos de Jesús, toda la zona del Ofel estaba comprendida en la zona amurallada de la ciudad. Actualmente, el antiguo Ofel está salpicado de modestas casas árabes. Ante la Puerta de los Magrebíes, o Puerta del Letame, a través de la cual se entra en la Ciudad Vieja, pasa el camino que desciende del Monte Sión y que continúa hacia el Valle del Cedrón, flanquea, a la izquierda, las grandes excavaciones de los contrafuertes meridionales del Templo (Ophel Archeological Garden) y pasa cerca de la esquina sureste del Templo, llamada Pináculo. A lo largo de los muros orientales se encuentra el cementerio musulmán.
El Ophel Archeological Garden se puede visitar descendiendo hacia el este y bordeando, por el exterior, los muros de la ciudad. En los muros que sostienen la Explanada se distinguen tres órdenes de puertas: la Puerta Doble, cubierta en parte por construcciones turcas; la Puerta Triple, en el centro; y la Puerta Simple, junto al Pináculo. Las puertas Doble y Triple daban antiguamente acceso a la Explanada del Templo por un camino exterior y una gran escalinata. Entre las escaleras de acceso había, excavadas en la roca, diversas piscinas para las abluciones rituales. Delante de los muros, bajo las Caballerizas de Salomón, hay restos de casas bizantinas y de un hospicio del siglo V d.C. Finalmente, cerca del Pináculo, son visibles los restos de una torre que se remonta a los tiempos de los reyes.
La tarde se puede dedicar a visitar el Museo de Israel, la más vasta institución cultural en Israel, que comprende distintos edificios agrupados en 4 secciones, además del Departamento de las Antigüedades y de los Museos con su Biblioteca. El lugar más característico es el Santuario del Libro, que custodia los rollos descubiertos en Qumrán y entre los que se encuentra el texto completo del profeta Isaías, las cartas de Bar Kokheba escritas durante la segunda revuelta judía, los rollos descubiertos en Masada y otros pergaminos antiguos de grandísimo interés histórico. Las demás secciones comprenden el Art Garden que, situado en una colina, recoge esculturas de muchos artistas judíos contemporáneos; la riquísima colección de objetos de arte religioso hebreo y de arte medioriental, en la que confluyen obras antiguas y otras de autores modernos; el Museo Arqueológico, que recoge testimonios de la vida en Palestina, comenzando desde la Prehistoria, pasando después por los períodos cananeo, bíblico antiguo, romano, bizantino, árabe, cruzado, hasta el período islámico-mameluco del siglo XIV.

6° día: Jerusalén (Explanada del Templo, Barrio judío, Monte Sión)

A primera hora de la mañana se puede acceder a la Explanada del Templo, el lugar que antiguamente constituía el basamento del Templo de Jerusalén, destruido en el 70 d.C. y ahora corazón religioso del Islam. En este lugar (que es todo el recinto sagrado musulmán o área del Templo), donde en tiempos de Jesús surgía el Templo de Herodes, en época musulmana se edificaron dos mezquitas por el califa ‘Abd el-Malik (alrededor del 700 d.C.), es decir, la mezquita de Omar -o «Cúpula de la Roca»-, y la mezquita de Al-Aqsa. Hoy solamente se pueden admirar desde el exterior.
La mezquita de Omar es el monumento musulmán más antiguo de Palestina y une la arquitectura árabe al arte persa y bizantino. En el centro del edificio emerge la roca sagrada sobre la cual, según la tradición musulmana, sonarán las trompetas del juicio final. Bajo la roca se puede visitar la caverna indicada como lugar de oración de David, Salomón, Elías y Mahoma. Este lugar, llamado monte Moria ya en la tradición judía (2Cr 3,1), está reconocido como el territorio de Moria mencionado en el capítulo 23 del Génesis a propósito del sacrificio de Isaac.
Se puede continuar después hacia el barrio judío que surge al amparo del Kotel (Muro de las Lamentaciones), la parte del muro occidental que sostenía el área sobre la que se elevaba el Templo y que representa el centro espiritual e histórico del Judaísmo. Desde aquí, a pie, se llega hasta la Plaza Batei Mahaseh, los restos de la Basílica Nea (basílica justiniana de los siglos V-VI, indicada en el mosaico de Madaba, en la parte final del Cardo), las cuatro sinagogas sefardíes, la sinagoga de Ramban, la sinagoga de los Perushim (también llamada, después de 1967, Hurvá) y el Cardo, calzada romana ya en tiempos de la Aelia Capitolina (135-330 d.C.) que dividía la ciudad partiendo desde el Norte (Puerta de Damasco) hasta el Sur, en los alrededores de la actual Puerta de Sión.
La tarde comenzará con la visita al Monte Sión, que originalmente indicaba la fortificación conquistada por David para construir en ella su capital y que, posteriormente, se ha convertido en un lugar especialmente apreciado por la Cristiandad porque en él se encuentra el Cenáculo, donde Jesús celebró la Pascua con sus apóstoles e instituyó la Eucaristía durante la última cena (Mc 14,22-25), se apareció a los discípulos tras su resurrección (Jn 20,19-23) y donde se produjo la venida del Espíritu Santo en Pentecostés (Hch 2,1-12). Aquí comenzó también la vida de la Iglesia y se celebró el primer concilio.
En la parte inferior del complejo se encuentra un cenotafio, conocido como la Tumba de David, objeto de veneración religiosa por parte de los judíos. La antecámara de la Tumba de David se corresponde con la antigua capilla dedicada al recuerdo del «lavatorio de los pies» (Jn 13,4-17) y se ha acondicionada actualmente como sinagoga. Una vez atravesado el antiguo claustro franciscano se llega a la escalera que conduce al {Cenáculo} (la sala superior), una amplia sala dividida en dos naves por tres columnas majestuosas de estilo gótico. Después de algunas vicisitudes, el Cenáculo fue restaurado por los franciscanos en el momento de su llegada a Tierra Santa (1333), que construyeron también anexo a él un pequeño convento visible aún hoy día. Transformado posteriormente en mezquita, el Cenáculo pertenece hoy a los israelíes, que permiten la visita de los peregrinos, aunque el «status quo» impide que se desarrolle en él ninguna función litúrgica.
A escasa distancia del edificio se encuentra la iglesia franciscana conocida como «ad Coenaculum», que ofrece a los visitantes la posibilidad de celebrar la santa misa.
Volviendo al camino del Cenáculo y girando a la derecha se llega a la Basílica de la Dormición de María, construida a comienzos del siglo XIX y confiada a los monjes benedictinos alemanes de la Congregación de Beuron. La iglesia quiere recordar el lugar en el que, según la tradición, se produjo la muerte de la Virgen, narrada en un antiguo texto apócrifo. En la cripta, una sugerente imagen en madera y marfil de María durmiente recuerda tal hecho.
Descendiendo por la pendiente del Monte Sión es posible visitar, finalmente, la iglesia de San Pedro en Gallicanto, que evoca el episodio evangélico de la negación de Pedro tras el arresto de Jesús (Mc 14,53-54.66-72). Se supone que la iglesia se levanta en los alrededores del lugar en el que se encontraba la casa de Caifás, adonde Jesús fue conducido inmediatamente después de su arresto. En la cripta se puede visitar un complejo de grutas donde, tradicionalmente, se cree que estuvo detenido Jesús durante la noche de su arresto en espera de ser conducido ante Pilato, la mañana siguiente. En el exterior de la iglesia es importante pararse a admirar y recorrer la larga escalinata de época romana que descendía hacia el Valle del Cedrón y sobre la que, probablemente, Jesús pasó la tarde del Jueves Santo, tras la última cena, cuando descendió con los apóstoles en camino hacia el huerto de Getsemaní.

Vía Dolorosa

7° día: Jerusalén (Monte de los Olivos, Iglesia de Santa Ana, Vía Dolorosa, Basílica de la Resurrección)

Separado de la ciudad de Jerusalén por el Valle del Cedrón, el Monte de los Olivos corre paralelo a la colina del Templo y del Ofel. Es particularmente importante para los cristianos porque allí se sucedieron episodios fundamentales de la vida de Jesús, siendo en numerosas veces atravesado por Él en sus desplazamientos entre Jerusalén, Betania y Jericó.
Desde la cima de la colina se puede descender hacia la Ciudad Santa haciendo numerosas paradas: en el Edículo de la Ascensión, que se levanta sobre el lugar en el que los apóstoles vieron a Jesús resucitado subir al cielo (Hch 1,3-12); en la iglesia del Pater Noster, donde es posible visitar el claustro con las placas en cerámica que muestran la oración del padrenuestro en numerosas lenguas y la gruta que recuerda el lugar de la enseñanza del Padrenuestro; en el punto panorámico sobre Jerusalén, apenas encima del cementerio judío; en la pequeña iglesia franciscana del Dominus Flevit, con sus mosaicos bizantinos y los restos de una antigua necrópolis; en la iglesia rusa ortodoxa dedicada a santa María Magdalena; en Getsemaní, con la Gruta del Arresto y la Basílica franciscana de la Agonía, que se encuentra al lado del Huerto de los Olivos y en la cual se han encontrado restos de un antiguo mosaico bizantino y es visible, delante del altar mayor, la roca de la agonía de Jesús; finalmente, en la iglesia de la Tumba de María, que contiene en su parte inferior el bloque de piedra sobre el que fue depositado el cuerpo de María tras su muerte.
Por la tarde se puede continuar con una visita a la iglesia de santa Ana, uno de los monumentos cruzados mejor conservados, edificada sobre el lugar en el que una antigua tradición localiza la casa de los santos Joaquín y Ana y, por tanto, el lugar en el que nació la Bienaventurada Virgen María. En el mismo complejo se encuentran también los restos de la Piscina probática, junto a la cual el evangelio de san Juan sitúa la primera obra de Jesús, la curación del paralítico, es decir, el primer milagro entendido como obra del Padre que da testimonio del Hijo (Jn 5,19).
Desde aquí se pueden recorrer las distintas etapas de la Vía Dolorosa, seguida por Jesús tras su condena a muerte en dirección al Calvario. También se encuentra, en primer lugar, el complejo de la Fortaleza Antonia, donde se alzan distintos edificios: el convento y la iglesia franciscana de la Flagelación, con la anexa escuela bíblica (Studium Biblicum Franciscanum); la escuela musulmana que marca el inicio del Vía Crucis con la condena de Jesús por parte de Pilato (Jn 19,12-16); el arco del Ecce Homo; el convento de Nuestra Señora de Sión, donde es visible el Litóstroto (del griego: pavimentado, embaldosado), lugar situado frente al pretorio en el que, según la tradición, Jesús fue procesado por Pilato, flagelado y torturado por los soldados (Jn 18,28ss). El Vía Crucis continua después a través de las calles de la Ciudad Vieja, con paradas en las distintas estaciones señaladas a lo largo del camino, hasta alcanzar la Basílica del Santo Sepulcro, en cuyo interior se puede completar el itinerario del Vía Crucis con las últimas cinco estaciones.
La visita a la Basílica del Santo Sepulcro representa uno de los momentos centrales de la peregrinación.
La actual iglesia, riquísima en historia y cultura, merece una visita en profundidad. Aquí se ofrecen solo unas breves indicaciones orientativas.
Apenas se entra en el vestíbulo de la basílica, una escalera, a la derecha, conduce al Calvario, dividido en dos capillas; la primera, propiedad de los latinos (Capilla de la Crucifixión), con un altar dominado por un mosaico que representa la escena de Jesús crucificado, y la otra propiedad de los griegos ortodoxos (Capilla del Calvario), que tiene como fondo la escena de Cristo crucificado y cuyo altar surge directamente sobre la roca del Calvario. Bajo el altar, un disco de plata, abierto en el centro, indica el punto en el que se fijó la cruz de Cristo y es posible, introduciendo la mano por la abertura, tocar directamente la piedra. Este es el lugar en el que se conmemora, también en el curso del Vía Crucis, la muerte de Jesús (Mc 15,33ss). Las dos capillas, latina y greco-ortodoxa, están separadas entre ellas por un pequeño altar dedicado a la Madre Dolorosa, es decir, a María sufriendo a los pies de la cruz.
Bajando del Calvario se encuentra la Piedra de la Unción, una piedra de color rosáceo enmarcada sobre el pavimento y decorada con candelabros y lámparas. Recuerda la unción del cuerpo de Jesús con aceites aromáticos tras su muerte, antes de ser depositado en el sepulcro (Jn 19,38).
Se continúa después hacia la anástasis, que conserva todavía la estructura fundamental de la época constantiniana. En el centro de la rotonda se encuentra el Edículo del Santo Sepulcro, reconstruido por los griegos en 1810 después de su destrucción provocada por un incendio. El interior del edículo está dividido en dos partes: la Capilla del Ángel, que se encuentra inmediatamente después de la entrada al sepulcro y en la que se custodia un pedazo original de la piedra redonda que cerraba la tumba; y la estancia sepulcral, a la que se accede atravesando una entrada baja y que contiene la roca original, ahora cubierta por un banco de mármol, sobre la que fue depositado el cuerpo de Jesús (Jn 19,41).
El itinerario en el interior de la Basílica se puede completar con la visita a las numerosas capillas menores.

8° día: Jerusalén (Yad Vashem, Ain Karem)

La primera parte de esta jornada se dedicará a la visita del memorial y del museo de Yad Vashem, dedicado a las víctimas de la Shoah (holocausto). Yad Vashem significa «un monumento y un nombre», según las palabras del profeta Isaías: «Yo he de darles en mi templo y en mis muros monumento y nombre» (Is 56,5), y se refiere a la incesante obra de investigación con que la institución está intentando poner cara y nombre a las más de seis millones de víctimas judías de la Shoah. El Yad Vashem se fundó en 1953 y recientemente se ha ampliado y modernizado. Allí se puede visitar el riquísimo museo, los numerosos monumentos y memoriales al aire libre, el vasto y sugerente Jardín de los Justos, en el que se han plantado árboles en recuerdo de los Justos de las Naciones, es decir, aquellos que, durante la persecución nazi-fascista, ayudaron a los judíos a escapar de la deportación y las masacres. Particularmente conmovedora es la visita al Memorial de los Niños judíos asesinados (más de un millón y medio).
Por la tarde la visita prosigue por la vecina Ain Karem, el pueblo en el que la tradición sitúa la vivienda del sacerdote Zacarías y su mujer, Isabel.
Rodeado por un bosque de pinos y cedros, Ain Karem es hoy un gracioso pueblo con casas de piedra al estilo árabe, convertido en un barrio de la muy cercana Jerusalén. Son muchas las personas que gustan de visitar este lugar, entre israelíes, turistas y peregrinos, para disfrutar de una atmósfera bucólica y ver algunos santuarios. Los cristianos, por ejemplo, no dejan de visitar la iglesia de la Visitación y la iglesia de San Juan Bautista. La primera se erigió en recuerdo de la visita de María a su prima Isabel tras la noticia del embarazo de esta última a pesar de su edad avanzada. Aquí María pronunció el Magníficat (Lc 1,46-56), que está escrito en las paredes del jardín de la iglesia en 41 lenguas diferentes. Otro santuario importante es el que recuerda el nacimiento de Juan Bautista, que bautizó a Jesús en las aguas del Jordán.

9° día: Belén, Campo de los Pastores, Herodium

Belén, en hebreo Bet-Lehem (Casa del Pan) y en árabe Bait Laham (Casa de la Carne), se encuentra ligeramente al sur de Jerusalén, en el camino que desciende hacia Hebrón, Be’er Sheva y el desierto del Néguev.
La visita puede comenzar en la Basílica de la Natividad, dedicada al nacimiento de Jesús (Lc 2,1-7) y cuya propiedad se reparten hoy los latinos, los griegos ortodoxos y los armenios. La Gruta de la Natividad está dividida en dos partes: el altar de la Natividad, de propiedad de los griegos, y el altar del Pesebre (Gruta de los Magos), cuya propiedad es de los latinos. Anexa a la Basílica se encuentra la iglesia franciscana de Santa Catalina, con su bellísimo claustro medieval y las grutas subterráneas dedicadas a san José, los Santos Inocentes y a san Jerónimo.
Una breve visita a la cercana Gruta de la Leche, transformada hoy en una capilla franciscana y tradicionalmente asociada también a la memoria del lugar de sepultura de los Santos Inocentes (Mt 2,16), completa la visita al complejo.
Se pueden visitar después otros dos lugares importantes: el Campo de los Pastores, en los alrededores del pueblo árabe de Beit Sahur, y el Herodion (o Herodium), en el que se encontraba el grande y suntuoso palacio de Herodes el Grande, a pocos kilómetros de Belén. En el primero se encuentra el santuario diseñado por el arquitecto Barluzzi y cuya forma recuerda una tienda de campaña, propia de los pastores del tiempo de Jesús. Aquí la tradición cristiana coloca la escena evangélica del anuncio del nacimiento de Jesús a los pastores del lugar (Lc 2,8-20). En esta vasta área se encuentran también numerosos restos arqueológicos de un monasterio bizantino de los siglos IV-V y de las características grutas-vivienda del período herodiano, que los franciscanos han adaptado como capillas.
La última etapa de este día se puede dedicar a visitar el palacio-fortaleza del Herodion, nombre que le fue dado por el mismo Herodes. La altura, que actualmente acoge solo las ruinas de la que debió de ser una residencia suntuosa e imponente, tiene la forma de un volcán y ofrece unas vistas espectaculares. Herodes la mandó construir entre el 24 y el 25 a.C. como lugar de su sepultura, aunque de su tumba no queda ninguna huella. A los pies de la colina se encontraba un pequeño pueblo, del que se ven algunos restos, con otro gran palacio y lo que los arqueólogos suponen que fue un hipódromo.

En Belén se encuentra la casa para peregrinos “Casa Nova”, donde podrás disfrutar de la hospitalidad franciscana.

10° día: Nazaret

Al menos, media jornada de este último día se puede dedicar a Nazaret, la tercera ciudad más importante para todos los cristianos. Nazaret es la ciudad más grande de Galilea y la más grande ciudad árabe de Israel. Uno de los aspectos que más llama la atención al peregrino, que siempre ha imaginado el lugar como el tranquilo pueblecito donde Jesús pasó su propia infancia, es el contraste producido por el intenso y ruidoso ir y venir cotidiano de hoy. Esto no debería de, necesariamente, desilusionar al visitante porque esta primera impresión cederá el puesto a otra más amigable por su atmósfera viva y acogedora. Además, la ciudad resulta extremadamente cómoda para quien quiera visitar los lugares cristianos vecinos, desde el Monte Tabor al Lago de Tiberíades.
Pero, limitándonos a visitar en nuestro recorrido exclusivamente la ciudad, no podemos dejar de visitar la Basílica de la Anunciación en un primer momento.
Proyectada por el arquitecto milanés Giovanni Muzio y construida entre los años 1960 y 1969, la basílica se levanta imponente dominando el panorama de toda la ciudad. Según la tradición, aquí se encontraba la casa de María y, justamente aquí, el arcángel san Gabriel se habría aparecido a la Virgen para anunciarle que concebiría al Hijo del Altísimo (Lc 1,31-33).
La iglesia acoge en su interior la famosa Gruta de la Anunciación, o gruta-casa de María. Aquí, los primeros cristianos instalaron una especie de sinagoga para reunirse y practicar el culto. De esta iglesia-sinagoga queda una pila bautismal, visible aún hoy en día. Posteriormente fue sustituida por la basílica bizantina (siglo V), de la que se han encontrado algunos mosaicos, pero que no incorporaba ya la gruta. En el siglo XI, en pleno período cruzado, Tancredo hizo construir una basílica en estilo románico.
A pocos metros de aquí se encuentra la iglesia de san José, donde se cree que se encontraba la casa de José. Finalmente, otros dos lugares de posible interés para el peregrino son: la Fuente de la Virgen, en la calle principal de la ciudad que conduce a Tiberíades, y la iglesia de san Gabriel.

En Nazaret se encuentra la casa para peregrinos “Casa Nova”, donde podrás disfrutar de la hospitalidad franciscana.

Los cantares de mi peregrinación

Calendario

24/08/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

S. Bartolomé ap. Caná: 18:00 Misa solemne

31/08/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

Ramleh: S. José de Arimatea y Nicodemo

01/09/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

Monte Nebo: 17.00 Misa solemne

08/09/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

Natividad de la V. María. S. Ana: 9.00 Misa solemne

14/09/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

Exaltación de la Santa Cruz. Calvario: 9.00 Misa (Vicario)

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