Período de organización (1342-1517)

Vocaciones “ven y sígueme”

Período de organización

Período de organización de la Custodia

Destinada a recoger el mandato y la herencia de los cruzados, la Provincia de Tierra Santa se creó para la reconquista específica de los Santos Lugares y para representar los intereses de la Iglesia Católica en el Oriente Próximo. Su existencia jurídica está reconocida tanto por las autoridades eclesiásticas como por las autoridades civiles musulmanas. En 1347 los franciscanos se establecieron en Belén como oficiantes habituales en la Basílica y la Gruta de la Natividad. En 1363, Juana, reina de Napóles y Sicilia, obtuvo el firmán del sultán de Egipto. Por dicho firmán, los franciscanos tomaron posesión del edículo y la Tumba de la Virgen en el Valle de Josafat. En 1375, desde el convento de Belén, los franciscanos dieron inicio al culto en la así llamada Gruta de la Leche, situada en las cercanías de la basílica de la Natividad del Señor. En 1392, obtuvieron el derecho a oficiar en la Gruta de Getsemaní, situada en el Valle de Josafat, a pocos metros de la Tumba de Virgen y, en 1485, readaptaron para el culto la gruta de la natividad de San Juan Bautista en Ain Karem.

Con la proliferación de sus cometidos se vio la necesidad de una legislación adecuada. En 1377 se admitieron los primeros Estatutos de Tierra Santa, que desarrollaron las primeras prescripciones enunciadas sumariamente en la Bula Gratias Agimus, prescribiendo que el número de religiosos que prestaban servicio en Tierra Santa no superase los veinte. En cuanto se refiere a las actividades, los frailes debían ocuparse, además del culto religioso en los Santuarios, también de los peregrinos europeos que visitaban los Santos Lugares.

En 1414 se celebró en Losanna el Capítulo General de los Frailes Menores. Los capitulares, como en las asambleas generales precedentes, trataron también de los problemas de Tierra Santa y se dieron cuenta de que era necesario conceder a aquella Custodia la autonomía de la Provincia e incrementar el número de religiosos a su servicio. Dieciseis años más tarde, concretamente en 1430, se estableció que el Custodio de Tierra Santa sería elegido por el Capítulo General, práctica mantenida durante tres siglos. Más tarde, la elección del Custodio de Tierra Santa se haría por el Ministro General y su Consejo, costumbre mantenida hasta nuestros días.

En 1517 la Custodia de Tierra Santa, aun manteniendo su denominación, adquirió plena autonomía mediante su configuración en Provincia, aunque estando siempre caracterizada por unas prerrogativas del todo especiales. En concomitancia con la progresiva definición de su figura jurídica, la Custodia obtuvo de la Santa Sede facultades particulares y autorizaciones en distintos sectores, siempre con vistas a una presencia más dinámica de los franciscanos en Tierra Santa. Los frailes podían así adaptarse mejor, especialmente en la asistencia espiritual a los peregrinos y, más aún, en la actividad ecuménica, que alcanzó su primer punto álgido con el Concilio de Florencia (1431-1443), en el que se consiguió la reconciliación entre los cristianos separados de Oriente y la Iglesia Católica. Esta reconciliación se reveló muy pronto efímera y durante aproximadamente dos siglos, los franciscanos de Tierra Santa representaron prácticamente la única posibilidad “in loco” de relaciones directas y autorizadas del mundo católico con las Iglesias separadas del Próximo y Medio Oriente. Las relaciones con las Iglesias orientales continuaron posteriormente, hasta nuestros días, adecuándose a las diferencias de tiempos y situaciones, al lado de otras numerosas iniciativas tomadas por la Santa Sede para reavivar los contactos y el espíritu ecuménico. Este apostolado especial, si bien no ha sido lo suficientemente estudiado, por desgracia no es tan conocido como sería deseable.

Otra actividad que ha quedado más bien en la sombra en la historiografía de los franciscanos en Tierra Santa es la de la asistencia espiritual a los comerciantes europeos residentes o de paso en las principales ciudades de Egipto, Siria y Líbano, desarrollada sobre todo a partir del siglo XV en adelante. De actividad temporal, especialmente con ocasión del Adviento y la Cuaresma, con la segunda mitad del siglo XV, la asistencia espiritual se convierte en continuada hasta asumir, en el siglo XVII, el carácter de estable, con la creación de residencias fijas. Los franciscanos, que entraron primero como capellanes de los Cónsules de las colonias comerciales europeas, quedaron como apóstoles al servicio de todos, “irradiando la luz del Evangelio” en torno a aquellas residencias que, a veces, se configuraron como auténticas y verdaderas parroquias con obras anejas de distinto género.

La evangelización de Tierra Santa, en algunos momentos históricos, se desarrolló incluso en relación con los fieles de religión musulmana, tanto en forma de evangelización personal como colectiva, una misión que siempre dio resultados efímeros y que llevó incluso a la muerte de algunos frailes.

En 1391 fueron asesinados los cuatro mártires canonizados por Pablo VI el 21 de junio de 1970: Nicoló Tavelich (croata), Stefano de Cuneo (italiano), Deodato de Rodez y Pietro de Narbona (franceses). Hablando de estos mártires, en el discurso pronunciado con motivo de su canonización, entre otras cosas, el Papa afirmó que: “estamos frente a un testimonio paradójico, testimonio de choque, testimonio vano porque no fue acogido rápidamente, pero sin embargo, sumamente precioso porque está validado por el don de sí mismos”.
De cualquier forma, la presencia de los franciscanos en Tierra Santa está sobre todo ligada a los santuarios y a su custodia, incluso porque, en un último análisis, todas las demás actividades tienen su origen en este objetivo y se encaminaron a este servicio de máxima importancia para toda la Iglesia.
Desde el comienzo de este período, que hemos llamado de organización, los franciscanos se dedicaron a restaurar los santuarios de Tierra Santa que con el tiempo se habían arruinado. En 1343 se restauró el edificio cruzado del Santo Cenáculo. En 1479, bajo la guía del Guardián P. Giovanni Tomacelli de Nápoles, se rehizo todo el envigado del techo de la basílica de la Natividad, en Belén. Para llevar a término esta empresa, se trajo el mobiliario de la República de Venecia, que donó la madera necesaria, del Ducado de Borgoña; Felipe el Hermoso corrió con los gastos de los trabajos, y Eduardo IV, rey de Inglaterra, donó el plomo usado para la cobertura. Los sucesos dignos de mención de este período no son muchos. Hay que destacar que, entre los resultados positivos, están los frutos de las complejas e interminables negociaciones, generalmente económicamente bastante gravosas, afrontadas siempre con la inquebrantable tenacidad de la Orden.

Calendario

24/08/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

S. Bartolomé ap. Caná: 18:00 Misa solemne

31/08/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

Ramleh: S. José de Arimatea y Nicodemo

01/09/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

Monte Nebo: 17.00 Misa solemne

08/09/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

Natividad de la V. María. S. Ana: 9.00 Misa solemne

14/09/2018 CELEBRACIONES DEL DÍA

Exaltación de la Santa Cruz. Calvario: 9.00 Misa (Vicario)

2011 - © Gerusalemme - San Salvatore Convento Francescano St. Saviour's Monastery
P.O.B. 186 9100101 Jerusalem - tel: +972 (02) 6266 561 - email: custodia@custodia.org