La visita a Tierra Santa del papa Francisco 2014

Vocaciones “ven y sígueme”

La visita a Tierra Santa del papa Francisco

24-26 de mayo de 2014

«En esta basílica, a la que cada cristiano mira con profunda veneración, llega a su culmen la peregrinación que estoy realizando junto con mi amado hermano en Cristo, Su Santidad Bartolomé. Es una gracia extraordinaria estar aquí reunidos en oración. La tumba vacía es el lugar del que surge el anuncio de la Resurrección: “¡No temáis! Sé que buscáis a Jesús, el crucificado. Id aprisa a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos” (Mt 28, 5-7). Este anuncio, confirmado por el testimonio de aquellos a los que se apareció el Señor Resucitado, es el centro del mensaje cristiano, trasmitido fielmente de generación en generación. Lo que nos une es el fundamento de la fe, gracias a la cual profesamos juntos que Jesucristo, Hijo unigénito del Padre es nuestro único Señor».

Son las palabras del Papa durante el encuentro en el Santo Sepulcro.

El papa Francisco ya había anunciado su visita a Tierra Santa durante el Ángelus del 5 de enero de 2014: “En el ambiente de alegría típico de este tiempo navideño, deseo anunciar que del 24 al 26 de mayo próximo, si Dios quiere, realizaré una peregrinación a Tierra Santa para conmemorar el encuentro histórico entre el papa Pablo VI y el patriarca Atenágoras I, que tuvo lugar exactamente el 5 de enero de hace 50 años. Habrá tres etapas: Amán, Belén y Jerusalén. Tres días. En el Santo Sepulcro celebraremos un encuentro ecuménico con todos los representantes de las Iglesias cristianas de Jerusalén, junto al patriarca Bartolomé de Constantinopla”.

También hoy los niños son un signo

«El Niño Jesús, nacido en Belén, es el signo entregado por Dios a los que esperaban la salvación. También hoy los niños son un signo. Signo de esperanza, de vida, pero también signo de diagnóstico para entender el estado de salud de una familia, de una sociedad, del mundo entero. Dios nos lo repite también en la actualidad a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI: «Este es el signo para vosotros», buscad al niño…
Precisamente a los niños palestinos el papa Francisco les dedicó tiempo y atención, antes de dejar Belén y Palestina. En el campo de refugiados de Dheisheh, el Papa se reunió con un centenar de niños, enseñándoles con pocas palabras sencillas cómo aplacar el odio y la violencia y volver siempre a empezar en la vida. «No penséis nunca que el pasado determina la vida. Mirad siempre hacia adelante, trabajad para conseguir lo que deseáis. La violencia no se vence con la violencia. La violencia se vence con la paz, el trabajo, la dignidad. Pido a Dios que os bendiga y os pido que recéis por mí».

Celebración Ecuménica en el Santo Sepulcro

Jerusalén, 25 de mayo de 2014

Como hace 50 años – cuando Pablo VI y Atenágoras se abrazaron sobre el Monte de los Olivos – el papa Francisco y el patriarca Bartolomé se encontraron en el lugar más significativo para cualquier cristiano: el Santo Sepulcro

«Con temor, emoción y respeto – afirmaba el patriarca de Constantinopla – nos encontramos ante el “lugar donde yace el Señor”, la tumba vivificante de la que surgió la vida. Y glorificamos a Dios misericordioso que nos ha hecho dignos, a sus indignos siervos, de la suprema bendición de ser peregrinos en el lugar donde se reveló el misterio de la salvación del mundo. Esta sagrada tumba nos invita a sentir otro temor que quizá sea el más extendido en nuestra era moderna, es decir, el miedo al otro, al diferente, el miedo al que pertenece a otra fe, otra religión u otra confesión. Ante esta situación, el mensaje que emana de la tumba que da la vida es urgente y claro: amar al otro, al otro con sus diferencias, a los que tienen otra fe o confesión».

«Sin embargo – declaraba el Papa – cincuenta años después del abrazo de esos dos venerables padres, reconocemos con agradecimiento y estupor renovado que ha sido posible, por impulso del Espíritu Santo, dar pasos realmente importantes hacia la paz. Debemos creer que, igual que fue movida la piedra del sepulcro, también podrán ser retirados todos los obstáculos que todavía impiden la plena comunión entre nosotros. Será una gracia de resurrección que ya podemos disfrutar en la actualidad. Cada vez que nos pedimos perdón los unos a los otros por los pecados cometidos en las relaciones con otros cristianos, y cada vez que tenemos el valor de conceder y recibir este perdón, ¡experimentamos la resurrección!».
El abrazo de amor de Jerusalén, en el signo del papa Montini y Atenágoras, está ahora destinado a alcanzar el corazón de los creyentes de todo el mundo.

Visita sorpresa al convento de San Salvador

Jerusalén, 25 de mayo de 2014

El papa Francisco, cambiando el programa oficial, almorzó con todos los franciscanos en San Salvador. Ningún papa lo había hecho antes, a pesar de que San Salvador es la casa central de todos los franciscanos de Tierra Santa y los papas han celebrado en los santuarios custodiados por los Hijos de Francisco. Fue un momento de inmensa felicidad. Los aplausos de los 95 frailes presentes en el refectorio, muchos de ellos jóvenes, se escucharon en toda Jerusalén. La comida fue muy sencilla. Pudimos experimentar la sencillez, la “minoridad”, como con frecuencia repite el papa Francisco. En las fotografías se puede ver el amor del Papa hacia todos y también su sencillez y alegría. ¿Qué queréis que os diga? Para mí fue como si un gran amigo hubiese venido a visitarnos. Y con él hubiera llegado la felicidad. La alegría del Papa lo decía todo. Y me sentí un poco más franciscano.

Resumen del texto de fray Artemio Vítores, ofm

El Papa en Getsemaní: ¿Quién soy yo ante mi Señor que sufre?

Jerusalén, 26 de mayo de 2014

«En aquella hora, Jesús sintió la necesidad de rezar y de tener junto a él a sus discípulos, a sus amigos, que le habían seguido y habían compartido muy de cerca su misión. Pero aquí, en Getsemaní, la oración se hace difícil e incierta; aparece la duda, el cansancio y el miedo. En la sucesión apremiante de acontecimientos de la pasión de Jesús, los discípulos asumirán diferentes actitudes hacia el Maestro: actitudes de cercanía, de alejamiento, de incertidumbre. Sería bueno que todos nosotros, obispos, sacerdotes, personas consagradas, seminaristas, nos preguntáramos en este lugar: ¿quién soy yo ante mi Señor que sufre? ¿Soy de esos que, invitados por Jesús a velar con Él, se duermen y en lugar de orar intentan evadirse cerrando los ojos frente a la realidad? ¿O me reconozco en aquellos que huyeron por miedo, abandonando al Maestro en la hora más trágica de su vida terrenal? ¿Existe quizá en mí la doblez, la falsedad del que lo vendió por treinta monedas, que se hacía llamar amigo pero traicionó a Jesús? ¿Me reconozco en los que fueron débiles y lo negaron, como Pedro?»

Antes de dejar Getsemaní el Papa plantó un olivo en el jardín de Getsemaní, como ya hizo Pablo VI. Un olivo que contará en los siglos venideros las esperanzas de paz y los testimonios de fe que el papa Francisco ha querido sembrar con su presencia en esta tierra.

El Papa en el Cenáculo: aquí nació la Iglesia, y nació para salir adelante

Jerusalén, 26 de mayo de 2014

«Es un gran don que el Señor nos hace, reunirnos aquí, en el Cenáculo, para celebrar la Eucaristía. Aquí, donde Jesús tomó su última cena con los apóstoles; donde, resucitado, apareció en medio de ellos; donde la fuerza el Espíritu Santo descendió sobre María y los discípulos, aquí nació la Iglesia, y nació para salir adelante. Desde aquí partió, con el Pan partido entre las manos, las llagas de Jesús en los ojos y el Espíritu del amor en el corazón.
El Cenáculo nos recuerda el compartir, la fraternidad, la armonía, la paz entre nosotros. ¡Cuánto amor, cuánto bien ha emergido del Cenáculo! Cuánta caridad ha salido de aquí, como un río de la fuente, que al principio es un arroyo y después se ensancha y crece… Todos los santos han surgido de aquí; el gran río de la santidad de la Iglesia tiene siempre su origen aquí, una y otra vez, desde el corazón de Cristo, de la Eucaristía, de su Espíritu Santo.
El Cenáculo, finalmente, nos recuerda el nacimiento de la nueva familia, la Iglesia, nuestra santa madre Iglesia jerárquica, constituida por Jesús resucitado. Este es el horizonte del Cenáculo: el horizonte de Cristo Resucitado y de la Iglesia. De aquí parte la Iglesia, para salir adelante, animada por el aliento vital del Espíritu».

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